Adiós a las ruinas
Hasta que llegó su día... El día en el que la teoría del caos decidió que debían afrontar el frío en soledad, mientras los eternos giros del tiempo se reían en su cara y en las nuestras, ridiculizando las estúpidas añoranzas que a menudo nos perturban.
Y cada una se deshace como una foto vieja que la humedad y el abandono se encargaron de borrar.
Mientras los viejos fantasmas recorren los pasillos que aún quedan en pie, que soportan las ruinas de esos edificios que nunca se terminaron de construir, a pesar de tener planos tan bien diseñados... Y en su ir y venir parecen encontrarse, se mezclan, se confunden, se reconocen, se abrazan y se despiden...
Hasta que súbitamente el techo se derrumba, el peso del escombro ha sido demasiado... Demasiado para esos frágiles muros que por tanto tiempo fueron testigos de esas idas y venidas...
Panorama desolador. Las hojas secas visten un piso distinto, ya no son la bella compañía de esos pasos alegres y mágicos que capeaban el frío sosteniendo cálidas sonrisas, cómplices abrazos. Han perdido su significado, aplastadas por lo que algún día fue una sólida estructura... Y que hoy no es más que polvo frío y seco.
Y se han perdido los fantasmas... Separados para siempre por esas piedras sucias... A paso decidido caminan en sentidos opuestos, se despiden, deciden olvidarse.
Y ellas... Ellas siguen allí, esperando que un nuevo par de almas las despierte, y dibuje nuevamente las imágenes que una vez les dieron tanta vida, esas imágenes perdidas en el viejo papel fotográfico mojado, sucio, triste... Olvidado.



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