<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/11526138?origin\x3dhttp://rvaras.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

jueves, 21 de septiembre de 2006

Tu vida sin mí

…Y la invisible máquina perpetua mantuvo su movimiento indiferente. El hueco sonido de las alas de una triste mariposa marcó un vacío en la teoría del caos… Porque todo siguió como si nada, porque probablemente mi inevitable alejamiento no podía cambiar la dirección del giro del mundo que rodea esta esfera de cristal; tal vez la transformación no podía trascender esa barrera transparente que parece acompañarme a todos lados. Ahora te mueves por nuevos senderos, te adentras en nuevos bosques que jamás he de conocer… Y puedo ver tu espalda en la distancia, puedo oír tus pasos quebrando hojas secas, aunque cada vez con mayor dificultad… Mis labios responden suavemente dando forma a una sonrisa, llena de añoranza, pero también rebozante de satisfacción. Te deseo suerte… Suerte y alegrías en ese viaje que comenzaste desde aquí, desde lo más hondo de mi alma y cuyo destino es olvido ante mis ojos.
Y seguramente tienes miedo, te detienes en medio del camino para mirar atrás, esperando encontrar algo que atenúe ese sentimiento de abandono que te abruma; pero no ya no hay nadie allí… Lamentablemente tu vida ya no es vida y ese bosque no es más que la tierra del olvido, ese baúl sin límites que te recibe como un traje viejo… Y que algún día recibirá nuevamente a alguien como tú… Y no será tu compañía, porque ese frío bosque es un gélido desierto… El purgatorio congelado, donde nadie encuentra nada, donde no hay más que eterna soledad y donde no tiene sentido la voluntad. Le agradezco a mi cadena causal por llevarme siempre a mudar la piel, a dejar atrás el traje viejo… A alejarme irrevocablemente y enviar a mi antiguo yo a ese infierno frío y desolado… Sí a ti… A ese en quién me convertí, a ese que cargaba como una pesada cruz de hierro y que ahora se pierde en el olvido. Pero no me malentiendas, me despido con cariño…
Ciento ochenta grados, le doy la cara al mar… Recibo con inmensa alegría al viento que acaricia mi rostro… El presente me encuentra pletórico de vida, de seguridad y energía…
Y le sonrío nuevamente al mar...

Once I am sure of my task I will rise